Llevamos la experiencia colaborativa de la Laguna El Carpincho al escenario global para visibilizar cómo la reconstrucción del vínculo entre comunidad, arte y humedales aporta respuestas concretas a la degradación territorial.
Un puente entre la Pampa y Mongolia
Aunque a simple vista los pastizales pampeanos y las estepas de Mongolia parezcan distantes, comparten una ontología común, la de los pueblos originarios (puelches, querandíes, ranqueles) y comunidades pastoriles que concibieron el territorio desde la movilidad, el flujo de los cursos de agua y la reciprocidad con el paisaje.
Es justamente ese espejo entre la Pampa y la estepa el que le dio sentido a nuestra presencia en la COP17 de la UNCCD en Mongolia dentro del panel “From the Ground Up: Frontline Voices on Land Restoration” (organizado por la G20 Global Land Initiative) y fue la oportunidad de llevar una narrativa viva de restauración biocultural de la cuenca del Salado al escenario de las decisiones globales.

La lección de Laguna El Carpincho: Lo ecológico, lo social y lo económico no se separan
La restauración de la Laguna El Carpincho comenzó a través de un proceso colectivo junto a Arquitectura Rioplatense, Mimbrería Gorard, naturalistas, investigadores y la comunidad del barrio Los Totoreros, pusimos en valor saberes existentes.
Lo que empezó como un taller para diversificar el uso y tejido de la totora y el junco se transformó en:
- Autonomía económica local: Mujeres de la comunidad desarrollaron ingresos propios mediante la transformación artesanal de fibras naturales.
- Restauración en acción: Pasamos de la capacitación a la siembra, creando viveros de flora nativa y organizando plantaciones comunitarias.
- Comunidad ampliada: Unimos a artesanos, científicos, educadores y vecinos en torno al cuidado del humedal.



La degradación de la tierra no es solo ambiental; es también cultural y social. La verdadera resiliencia ocurre cuando la restauración fortalece los vínculos comunitarios y genera economías sostenibles de escala local.
El arte como herramienta de reencantamiento
Para Casa Río Lab, el arte no es un elemento decorativo para “comunicar” un proyecto terminado, sino el proceso mismo: caminar, mapear, tejer, escuchar y construir son formas de producir conocimiento territorial.
Este reencantamiento nos permite recuperar la capacidad de percibir el territorio como un organismo vivo del que formamos parte. No se puede restaurar aquello que solo se percibe como un recurso a explotar.

¿Qué necesitamos de la agenda y el financiamiento global?
Desde los territorios, el éxito de la restauración no puede medirse únicamente en hectáreas intervenidas o número de plantines producidos. La experiencia presentada ante financiadores y tomadores de decisión en la COP17 plantea demandas claras:
- Financiar procesos, no solo proyectos a corto plazo: Construir confianza y capacidades locales requiere tiempo y continuidad.
- Medir indicadores bioculturales: Reconocer los resultados sociales, culturales y económicos al mismo nivel que los indicadores ecológicos.
- Pensar a escala de paisaje: Extender el aprendizaje de Laguna El Carpincho a toda la Cuenca del Río Salado.
Un camino que continúa
La respuesta a la degradación global de la tierra está en conectar, fortalecer y multiplicar estas experiencias de territorio. Demostremos que es posible restaurar ecosistemas mientras fortalecemos comunidades y economías locales al mismo tiempo.
El proceso de Laguna El Carpincho continúa con nuevas acciones de producción, siembra y observación de biodiversidad. Pero hoy también miramos más allá, hacia la cuenca del Río Salado, para conectar restauración, cultura y economía a escala de paisaje.
Llevar la voz de las comunidades a los espacios de decisión global demuestra que las soluciones frente a la degradación de la tierra se construyen desde abajo, con la gente y en el territorio. Demostremos que es posible restaurar ecosistemas mientras fortalecemos comunidades y economías locales al mismo tiempo.
